Miércoles - 15.Agosto.2018

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LA ADRADA

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 La Adrada se debió fundar  al apoderarse los monarcas del antiguo reino de Toledo, ya que este pueblo se encuentra en los confines de Castilla, lindantes con el referido reino. Se estableció como Aldea en los Baldíos de Ávila .

 Posteriormente, el Rey Fernando IV, a primeros de marzo de 1347, “por hacer bien y merced al Consejo de La Adrada los recibió en su guardia, encomienda y defensa a ellos y a todo lo suyo”, concediéndoles varios privilegios.

 Los privilegios más importantes son: concesión a La Adrada de la categoría de Villa, en que cada año hiciese que sus vecinos dos alcaldes que pudiesen conocer de todos los pleitos civiles y criminales, pusiesen horca, cárcel, prisión, como las demás villas del reino.

 El 5 de Diciembre de 1393 La Adrada se revuelve haciendo constar que don Enrique III al hacerla villa había liberado a este Estado a sus aldeas y lugares de cualquier vasallaje y posesión.

 En 1438, el rey Don Juan II nombra Condestable para los reinos de Castilla y León, a su favorito Don Álvaro de Luna. Anteriormente La Adrada había pertenecido al condestable Ruy López Dávalos, pero el rey le quitó esas tierras al ser Dávalos derrotado en la lucha que mantuvo contra él, en unión del infante don Enrique, uno de los mayores enemigos del monarca.

 El rey nada hacía sin el conocimiento de D. Álvaro. Esto le proporcionaba tanto poderío como enemistades y envidias de muchos nobles, los cuales, pasado el tiempo, se convertirían en enemigos de D. Álvaro.

 En segundas nupcias D. Álvaro se casa con Dña. Juana de Pimentel “La Triste Condesa”. De este matrimonio nace D. Juan. Los reyes son sus padrinos para demostrar su afecto a D. Álvaro. El 2 de Junio de 1453, es condenado D. Álvaro. A esta muerte sucedió en la posesión del castillo y señorío de La Adrada, la mujer de D. Álvaro que luchó a brazo partido por conservar sus privilegios y que dio cara al rey en la fortaleza de Escalona, en que se pactó que ella se retiraría a Arenas de San Pedro, dando nombre así a su castillo.

 Cuando muere el rey D. Juan II es ocupado el trono por Enrique IV; en el Estado de La Adrada es proclamado el nuevo rey.

 El 29 de enero de 1472, don Beltrán de la Cueva (se cree que fue nombrado por Juan II), deja a su mujer, María de Mendoza, la Villa de La Adrada y 25.000 maravedises de juro; esta fue la primera mujer de D. Beltrán, hija del Marqués de Santillana; al hacer testamento la Duquesa constituyó un segundo mayorazgo a favor de su hijo segundo Antonio de la Cueva.

 A la muerte de este le sucede D. Diego y cuando este muere se origina un resonante pleito entre don Gonzalo, su hijo, don Antonio Luna, descendiente de D. Álvaro de Luna, ya rehabilitado y el capitán Francisco Rengifo, gobernador nombrado por el rey, sobre el mejor derecho de mayorazgo del título como fundado por el Condestable de Castilla, de cuyo litigio corrió en su tiempo un impreso que decía “Se excepcionó no haberse dado satisfacción a la parte ofendida, cosa necesaria para merecer la absolución”.

 El Marquesado de la Adrada pasa a la Casa de Teba y posteriormente la hereda Montijo; la hija segunda de esta gran casa de la nobleza española es la Emperatriz Eugenia de Montijo; en 1601 se produce una sentencia en pleito seguido, declarando la permuta del señorío de La Adrada a favor de D. Cristóbal Portocarrero y Luna, Conde de Montijo y Fuentidueña, y a 20 de enero de 1639, el señor del Estado de La Adrada exime a Piedralaves de la jurisdicción civil y criminal.

 El 23 de febrero de 1628, La Adrada, Piedralaves, Casavieja y demás lugares del Puerto de Avellaneda fueron emplazados a dejar libre el heredamiento, sin más dilaciones, estando de Alcaldes ordinarios del Estado de los Hidalgos de la Villa, don Eugenio Rengifo y Juan Vázquez Dávila, regidores y alegaron que la tierra era del conde de Montijo y Fuentidueña, que el precario no constaba por ninguna parte, que en tal dilatado espacio de tiempo, se había perdido la memoria de las cosas, que existía cierta prescripción y que no entendía que la ciudad de Ávila, tuviera ningún derecho a expulsarles de su territorio.

 En esta situación de evasivas y enfrentamientos, se llegó al pleito largo y penoso proceso en el que hubo de todo, fue llevado por la Chacillería de Valladolid y que condenó a La Adrada y sus villas a la restitución de la indebida posesión del heredamiento de todo a ello anejo, dehesas, viñas, pastos, edificios y demás. La sentencia se dio el 26 de marzo de 1630.
Al fin, tras 23 años de pleitos, ambos concejos en 1651 firman una escritura de Concordia. Los pueblos del señorío se quedan con la Avellaneda a cambio del pago a Ávila de dos censos (préstamos a muy largo plazo): El último no se extinguió hasta 1970.

APUNTES CURIOSOS:

  A mediados del siglo XVIII se realiza en toda España un  Interrogatorio General a fin de conocer las personas, fundos y utilidades de los distintos pueblos y ciudades para el establecimiento de una sola Contribución. Este interrogatorio se realiza en La Adrada en 1751 del que se sacan las siguientes conclusiones:

  “En la localidad de La Adrada hay 105 vecinos, incluyendo a las viudas. Hay 120 edificaciones, de las que 7 se consideran arruinadas y 8 deshabitadas.
En cuanto a las ocupaciones de los vecinos, las profesiones que se ejercen son: dieciséis labradores, treinta y tres jornaleros, un carpintero, dos sastres, un maestro de obras, dos tejedores de lienzos, un herrero, dos molineros, un hornero, cinco arrieros, tres papeleros, cinco fabricantes de papel, un herrador, una mesonera, un cirujano que ejercía a la vez de maestro, un boticario, un escribano de Concejo, un zapatero, cuatro sirvientes de labrador, dos clérigos y un sacristán".

  En 1761 (10 años después ) se efectuó una comprobación y se depuraron los datos, resultando que había dos mesoneras, dos zapateros, dos sastres, uno de ellos “achacoso”, un religioso y un administrador de los molinos del Real Monasterio del Escorial. Además, por ésta época el cirujano ya no ejercía como maestro de primeras letras. Consta también la existencia de siete pobres de solemnidad que vivían de la caridad pública.

  Constan en esta época también los siguientes establecimientos: taberna, tienda de abacería, mercería, carnicería, mesón particular, dos hornos públicos de propiedad privada, además y según dicho interrogatorio un hospital que solo servía para recoger a los pobres pasajeros y dar a cada uno de los pobres de solemnidad del pueblo doce reales cuando están enfermos.

  En cuanto a las actividades económicas, se sigue celebrando una feria anual, instituida en el s. XIV por privilegio de Enrique III. A mediados del siglo XVIII transcurre entre los días cinco y trece de noviembre. En ella se trataba en ganado vacuno y lanar y se comercializaban los calzados, los paños y los enseres de cerrajería.

  En el sector industrial, había un batán en la Garganta de Santa María, que era propiedad de Isabel Valle y Francisco Baquero, vecinos de Piedralaves. Además existían cinco molinos harineros de agua; dos en la ribera del Tiétar propiedad de un vecino de Sotillo uno y otro de un vecino de Fresnedilla. Los otros tres estaban situados en la garganta de Santa María y eran propiedad, respectivamente, de un vecino de la villa, otro de Piedralaves y el último de una Capellanía que llamaban del Conde y que entonces gozaba el cura de la Iglesia de la Villa.
Junto a esos molinos harineros había otro de aceite y tres de papel, propiedad de estos últimos del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial, dos de ellos y de Don Eugenio de Olmedo el otro. Los dos primeros fabricaban papel de Bulas y el tercero papel de estraza.

En la actualidad somos 2.699 vecinos de los cuales 1.414 son hombres y 1.285 son mujeres.

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